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Ritos y Templos

 Cada religión al constituirse en movimiento diferenciado ha creado sus templos y sus ritos: lugares de culto nutridos desde oraciones a parámetros sobrenaturales. Cada proyecto histórico de religare ha fundado las expectativas en un después, dentro de un cielo o de un paradiso extramaterial.El común denominador de las religiones ha sido que todas han necesitado de iglesias desde las que parapetar sus creencias. El dios común de todas ellas se ha convertido en un dios traducido a conveniencia de cada una en particular. Cada rito rememora una partícula forma de agradecimiento por la existencia y promesas de una moral para ganar un cielo que admite tantas lecturas distintas. La paradoja del espectro de todas las religiones ha sido que la solidez de sus comunes denominadores no ha ayudado nunca al acercamiento y disolución en una comunidad de intereses. las diferencias religiosas han justificado cruzadas bélicas y la construcción de templos por doquier, ha constituido los ,monumentos y baluartes de los fuertes contra los débiles. Las religiones occidentales emprendieron sus furias contra las culturas primitivas alegando que sus credos animistas eran producto de la ignorancia y la superstición. varios siglos después la civilización fundada en creencias religiosas arraigadas todavía no ha conseguido consolidad el predicado más fundamental de todos: la convivencia de respeto recíproco y en paz. Las luchas por imperar el propio pensamiento han demostrado ser inviables. Las batalles interreligiosas y los combates teológicos han quedado obsoletos. La necesidad de persuadir al otro de cual es mi dios y tratarlo como una noción verdadera e indiscutible, tiene tan poco sentido como tratar de demostrar que mis preferencias y gustos por los colores o lo lúdico son mejores que los de otra persona. Carece de toda lógica imponer la visión subjetiva y constituirla como una cosmovisión imperativa para todo el mundo. Si bien los ritos personales forman parte de la idiosincrasia de cada creyente (o descreído), la erección de los templos desde los que uniformar la ritualística han ocasionado grandes abismos en la humanidad,aunque su primera intención fueran la de conjuntar seres perdidos y solitarios en su angustia existencial compartida. El templo como Casa de Dios,ha venido constituyendo una afirmación de ser, tanto para los miembros de una comunidad (que en nuestras latitudes es llamada parroquial)como para los que no perteneciendo a ella,son advertidos de una consolidación de ese bastión conjuntado. Los procesos de colonización de tierras llevaban consigo el ministerio de dios y tenían como primeros proyectos la erección de una iglesia en tanto que edificio de reunión mística. A través de los tiempos, los lugares de culto se han prodigado enormemente y todas las iglesias ostentan cuantiosas fortunas en las infraestructuras acumuladas. Esos lugares de confluencia ritual, sirven para dar cuenta del crecimiento de la propia comunidad y el refortalecimiento de las creencias.El rito compartido es cohesionador y basta la oración rezada en voz alta comunitariamente, o los cánticos o la presencia ante ceremonias como para experimentar tal re-ligación.La convicción de que los otros creen propicia la verificación de la propia creencia. Sin embargo los ruegos y prerrogativas al dios particular de cada creyente, individuado y readaptado a un diálogo privado, no necesitan de un templo ni de las ceremonias grupales. Las creencias espirituales remiten a una mística personalizada e intransferible, de la misma manera que los códigos éticos de conducta están emparentados a principios de identidad de cada ser. La convicción en ellos es lo esencial, la parafernalia del arropamiento grupal es lo secundario. Los ritos, sean cuales sean, no sustituyen las faltas de convicción en el ámbito privado. Mientras la meditación y la reflexión espiritual en la privacidad es un foco energético, el rito colectivo teatraliza unas formas que pueden ser del todo superfluas.superfluidad, sin embargo, que sigue siendo motivo de disputas severas. Por último, los templos en tanto que casas del padre, cumplen la función protectora que periclita tan pronto sus exfeligreses toman conciencia de su autonomía y las riendas de su poder existencial. Las creencias de fondo, en todo caso, no pasan ni por el edificio ni por la institución,sino que se remiten a la fuerza del individuo que haya interiorizado el sentido universal en su alma.

septiembre 4, 2008 - Publicado por | General

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